FE EN LA ALIANZA DE AMOR (FAA)

Retiro del mes de octubre del P. Juan Ignacio Pacheco

Viernes 1 de octubre de 2021

 

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En este mes de octubre, mes de la Alianza de Amor, mes de la Fundación, queremos centrar nuestra mirada en esa realidad de vida y de fe: la Alianza de Amor con la Mater es lo que alimenta nuestra esperanza, nuestro caminar en la fe como renovación de la alianza bautismal y nuestro creer en la providencia divina que todo lo dispone para nuestro mayor bien.

 
Hemos estado viviendo tiempos difíciles, "de incertidumbre" como tantas veces lo hemos llamado. Dificultades por la propia pandemia, dificultades sociales y políticas en nuestro país (en este mes se cumplen ya dos años del estallido social); dificultades en nuestra Iglesia, en nuestra Familia de Schoenstatt.

 
Por eso, en este mes de octubre, queremos adentrarnos en algo simple y profundo a la vez: volver a centrarnos en la Alianza de Amor, volver a enfocarnos en ella y renovarla, personal y comunitariamente, como punto de partida para este tiempo que viene.

 
Para eso queremos quedarnos con las palabras y el pensamiento de nuestro padre fundador en torno a la Alianza, para que podamos renovarnos en nuestra pedagogía y espiritualidad, en lo que nos da identidad como schoenstattteanos. Enfocarnos en la sabiduría de nuestro fundador que tuvo la inspiración de escuchar las voces del tiempo y dar curso a una "secreta idea predilecta", que la Mater le mostraba desde su Santuario.

 
En este nuevo 18 de octubre queremos que el mismo P Kentenich nos hable a través de una serie de citas escogidas que aluden a la Alianza de Amor y a la Fe Práctica en la Divina Providencia, como caminos de salida a nuestra realidad de fragilidad y miseria. Dios siempre se ha valido de nuestra pequeñez para manifestar el esplendor de su gloria y de su misericordia: así lo vivió y siempre lo creyó y lo transmitió nuestro padre fundador. Que este mes podamos reflexionar sobre eso, a partir de estas citas que pueden ser meditadas personal y comunitariamente en sus cursos y grupos.

 

 

1.- ALIANZA DE AMOR. Sobre la realidad de la Alianza de Amor, como fuente de vida para nuestra fe, para validar nuestro desvalimiento y confiar en lo que Dios puede construir a partir de nuestro "sí", pequeño y grande a la vez...

 

"Este es el secreto de Schoenstatt, este es mi secreto. Piensen en la fundación, en el Acta de Fundación. ¿Con qué lugar se selló la Alianza de Amor? Ya lo saben: era un pequeño santuario, pero que había sido convertido en trastero. Verdaderamente, algo pequeño, insignificante. ¿Y quiénes fueron los primeros con los que la Santísima Virgen selló la Alianza? Una pequeña comunidad, desconocida frente al vasto mundo. Fíjense que hasta el Acta de Fundación consigna este acontecimiento, este hecho. En ella oímos: "¡Cuántas veces en la historia de salvación ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande y de lo más grande!".

 

"Por eso Schoenstatt ha sostenido siempre: No ha sido nuestra virtud, sino nuestra miseria la que movió a la Santísima Virgen a sellar con nosotros la Alianza de Amor y a convertirla en Alianza de Amor con el Padre. Fíjense que Schoenstatt salió airoso de todo el caos de la época, de la Primera y Segunda Guerra Mundial gracias al reconocimiento de esa debilidad y miseria.

 

Si decimos que hemos sido honrados por poder sellar la Alianza de Amor con ella, con ella y con el Padre del cielo, no invocamos para ello nuestra virtud, sino nuestras debilidades, nuestra miseria. Es así: nuestra Alianza de Amor es un desposorio entre la misericordia de Dios y la miseria personal.

 

Ahora entendemos qué significa la Alianza de Amor en el sentido de la perfecta disponibilidad mutua. ¿Qué ponen el Padre y la Madre a nuestra disposición? Su amor misericordioso. Pero esto exige de nosotros entrega humilde, plenamente confiada en todas las situaciones de la vida. Y aunque hubiese pecado sabe Dios cuánto, aunque mi vida haya sido una única serie de pecados gravísimos, el Padre del cielo no me abandona, la Santísima Virgen me sostiene en su mano. Sólo tengo que permanecer humilde y tener confianza. Este es el sentido de nuestra Alianza de Amor. (Plática para matrimonios, Milwaukee, 18 de enero de 1957. En: Padre José Kentenich, Lunes por la tarde... Reuniones con familias. Tomo 5: Creer en el amor misericordioso del Padre Dios, Santiago de Chile 2016, págs. 69-70. También en: La mirada misericordiosa del Padre. Textos escogidos del P. José Kentenich, ed. Mons. Peter Wolf, Santiago de Chile 2015, págs. 223-224)

 

 

La fuerza de la Alianza de Amor es nuestra certeza, es una certeza de la fe. "Un siervo de María nunca perecerá". María nos toma de su mano y nos lleva al Jesús salvador, que quiere rescatarnos, perdonarnos, cobijarnos en su amor y misericordia infinitas...

 

"Lo que a mí con la mayor evidencia me motivaba a todos estos riesgos no fue en lo más mínimo meros cálculos humanos –esto tendría que haber obrado lo contrario– sino simplemente la sencilla, piadosa fe en la realidad de la Alianza de Amor sellada y la fe en la Providencia asociada a ella, que para mí al comienzo siempre abrió una muy pequeña rendija –apenas notada por otros– a través de la cual se me mostró poco a poco todo el plan de Dios para la Obra entera y los pasos que debían darse.

 

Sin arraigo en la realidad del más allá todo eso hubiera sido imposible. Sólo basta imaginarse cuánta independencia del entorno y de los propios deseos instintivos fue necesaria para desarrollar en sí mismo una marcada sensibilidad para lo divino y cuánto amor al desprecio fue necesario para nadar contra la corriente en todas partes". (Chronik-Notizen [Apuntes para la crónica], Milwaukee, 1957/1958, pág. 282, Archivo de los Padres de Schoenstatt)

 

 

2.- EXPIACION Y HUMILDAD. Los tiempos de dificultades que vivimos, especialmente al interior de nuestra Familia y de nuestra Iglesia, exigen de nosotros recordar una palabra quizás olvidada o pasada de moda: la expiación. Expiar por el pecado de los que se han equivocado, expiar por el dolor de las víctimas, expiar por nuestras faltas que han significado un desmedro en la vida interior, en la vida espiritual y en el desarrollo en su caminar en la fe de tantos.

 
En el mes anterior hablamos de humildad; la expiación es fruto de la humildad que nos permite reparar el daño de nuestras faltas, de nuestros errores y pecados.

 
La tormenta sigue, la incertidumbre se instaló en nuestra cotidianeidad. Jesús va en nuestra barca, como tantas veces lo dijimos en este año, pero eso no significa que calme la tormenta... aquí no hay "varita mágica"; pero Cristo va con nosotros, está en mí, aunque esté durmiendo, pero está... esa es la confianza que tenemos y que nos hace poder caminar juntos.

 

Del Hacia El Padre: "Padre, te pido todas las cruces":

 

"Hasta ahora tuve yo el timón en las manos;
en el barco de la vida tan a menudo te olvidé;
me volvía desvalido hacia ti, de vez en cuando,
para que la barquilla navegara según mis planes.

 

¡Concédeme, Padre, por fin la conversión total!
En el Esposo quisiera anunciar al mundo entero:
el Padre tiene en sus manos el timón,
aunque yo no sepa el destino ni la ruta.

 

Ahora me dejaré conducir ciegamente por ti,
quiero escoger sólo tu santa voluntad;
y como tu amor me guarda siempre,
atravieso contigo por las tinieblas y la noche. Amén".

 

Sobre la humildad:

 

"En Renania nos gusta andar en zancos. Aún hoy será, como en mi tiempo, que un joven corre feliz con sus zancos. Si me lo imagino de esta manera –otra vez es un drástico ejemplo– me digo que así como me desarrollé, por supuesto, andaba seguro sobre mis zancos. ¿Qué zancos eran? Era yo mismo. Seguía autónomamente mi camino. ¿Qué quería? Quería educarme a mí mismo, tener dominio de mí mismo, formarme como imagen ideal. Esos eran mis zancos. Pero ahora experimento que a menudo me caigo de esos zancos; tengo que tener otros. ¿Qué clase de zancos deberán ser? Debo dejar mis propios zancos y ponerme los zancos de Dios. Y ¿cómo sucede eso? Debo primero descender de mis zancos. Y pasará un tiempo hasta que pueda dejar mis zancos y caminar con los otros". (P. José Kentenich, Desiderio desideravi, Milwaukee-Terziat [Terciado de Milwaukee] 1963, tomo 6, págs. 67-68)

 

 

3.- FRAGILIDAD HUMANA. Reconocer nuestra pequeñez, nuestra debilidad es el primer paso para comenzar este tiempo de "nueva normalidad", "post pandemia" o como quieran llamarlo. Todos somos frágiles, todos tenemos defectos, todos nos hemos equivocado y eso nos permite entender el error del otro, a no juzgar, a no sentirme superior a nadie. La Mater reconoció su pequeñez para que Dios pudiera actuar, una pequeñez que no era pecado, sino una toma de consciencia de la enorme tarea que se le venía encima tras la Anunciación... desde ahí y sólo desde ahí, el Señor pudo actuar con Ella y por Ella. María lo entendió así también y de ahí nace su canto del Magníficat como una consecuencia del encuentro pequeñez/misericordia. En nuestro caso el P Kentenich usa mucho el binomio "miseria/misericordia", que ha estado siempre presente y lo seguirá estando siempre en nuestra caminar de fe.

 

"Les puedo decir que, según mi convicción, el hombre de hoy sólo permanecerá también físicamente sano si logra arreglárselas con sus pequeñeces a la luz de Dios y en el sentido de Dios. Innumerables enfermedades provienen del hecho de que el hombre no ve correctamente sus debilidades y no responde a ellas como corresponde. También tratándose de enfermedades de tipo físico y no sólo psíquico. Esto lo queremos hacer presente en otro contexto. Sé que con esto no les digo nada nuevo, pero eso no es importante.

 

Por eso la pregunta: ¿cómo debo tomar posición ante mis debilidades? Por supuesto, es claro que según sea mi actitud experimento tal o cual cosa como debilidad. Piensen, por favor, en la imagen que los santos usan con gusto: Cuando el sol, el sol de mediodía ilumine la habitación, por supuesto, notaré cada mota de polvo; por la mañana al amanecer no veo mucho polvo, debería haber gran cantidad para que lo perciba a esa hora. Así es también cuando mi alma se mueve en la luz de Dios, cuando está cerca de Dios experimenta cada mota de polvo, experimenta sus límites, sus debilidades con tremenda fuerza e inmensa profundidad.

 

Y les debo decir, también según mi observación personal, que no hay casi nada que mantenga nuestra alma despierta para Dios como la forma correcta de tratar nuestras debilidades. Es igual de qué se trate. En el grado más bajo mi debilidad puede ser pecado; en un grado superior, como en la Santísima Virgen, sólo es limitación propia de la creatura. Esto fue también en ella "debilidad". No deben dejar de verlo. Sabemos que ella estaba libre de pecado y no obstante tenía la conciencia de humildad y debilidad. ¿Por qué? Ya sólo por la conciencia de límite ante el Infinito. En nosotros aparece además, en alguna forma, la conciencia de pobre pecador. Debemos prestar atención para que después no consideremos nuestras faltas como algo tan evidente que las glorifiquemos y las tratemos incluso como virtudes, como lo hacen muchos en la actualidad". (Conferencia para Padres Palotinos, Milwaukee, 24 de julio de 1952. En: P. José Kentenich, USA-Terziat [Terciado de los EE. UU.]1952, tomo 1, Monte Sion 1988, pág. 271-272)

 

Fragilidad del Fundador:

 

"Hay tanto trabajo de todo tipo, que una sola persona ya no puede satisfacer todas las exigencias. Si no tuviese la firme confianza que todas las personas que el buen Dios me destinó rezan por mí con empeño, no podría explicarme cómo no me deprime toda la carga del trabajo, a menudo en campos muy diferentes". (Carta a la Hna. Emilie, 13 de julio de 1924: En: Chronik-Notizen [Apuntes para la crónica], Milwaukee, 1955, pág. 474, Archivo de los Padres de Schoenstatt

 

"Mi miseria, la miseria reconocida, reconocida con confianza, es el mayor título que nos da derecho al amor misericordioso del Padre".
"¿Cómo te has sentido en tu nuevo ambiente? Estaré aquí hasta el final de las vacaciones para restablecer un poco mis nervios. Están muy agotados. Las preocupaciones por ustedes pesan mucho y exceden con creces mis fuerzas. Sin embargo, no estoy solo. Tengo un firme apoyo en ustedes los jefes de grupo. Y además, "la Madre cuidará...". Rezo por ti. Hasta un feliz reencuentro".
(Carta a Albert Eise, Kolberg, Mar Báltico, 26 de agosto de 1917, Archivo de los Padres de Schoenstatt)

 

"Esta semana fui demasiado imprudente en los paseos. Caminé demasiado tiempo y rápido. Además, advierto de nuevo muy claramente que el trabajo se ha triplicado, cuadruplicado y es superior a mis fuerzas. Así sucumben alma y cuerpo ¿Dónde encontrar una salida? ¿Cuál es la voluntad de Dios y de mi Madre celestial?". (Apuntes del diario de J. Kentenich, Abril 1918. En: Engelbert Monnerjahn, José Kentenich. Una vida para la Iglesia, Córdoba-Argentina 2006, pág. 91)

 

 

4.- NECESIDAD DE CONVERSION PERSONAL Y SOCIAL.

Estos tiempos difíciles exigen de nosotros un cambio interior que se exprese hacia afuera, en un estilo nuevo de hacer las cosas, un cambio real de vida, una renovación de nuestro estilo de fe y vida.

 

"Ya hemos asimilado la ley de contraposición. Si ustedes comprenden esto, si se atienen a ello, entonces no temblarán cuando hoy escuchen proclamar a los cuatro vientos errores, herejías y afirmaciones equivocadas, de tal manera que se les pongan los pelos de punta –si todavía tienen alguno–. Deberíamos alegrarnos de vivir en un tiempo como el nuestro en el que todo está espiritualmente revuelto. Sólo debemos tener el valor de examinar lo que Dios nos quiere decir por medio de todas estas corrientes. (...) Siempre habrá interrogantes que estarán ante nosotros como enigmas y que alguna vez deberán ser resueltos. Por ahora lo importante es que no nos metamos en la cueva de los ratones, sino que nos alegremos de tomar parte en un desorden semejante. Dios habla. ¡Y cómo lo hace! Sólo que hemos olvidado comprender, en cierto modo, su lenguaje e interpretarlo correctamente".
(Conferencia de la Jornada de Navidad 1967. En: P. José Kentenich, Vaterströmung [Corriente del Padre], Propheta locutus est, tomo XIX, 2.a ed., Monte Sion 2005, pág. 30)


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