¿Podemos Salvarnos?

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Parece evidente que no somos capaces de redimirnos a nosotros mismos. La redención viene de Otro, pero tampoco es un truco de magia que no exige nada de nosotros. En qué medida juega la gracia y en qué nuestras obras, es una discusión sin fin. El Padre Kentenich la resolvió con la sencilla fórmula "nada sin Ti, nada sin nosotros". No podemos olvidar que la redención costó la cruz.

| Pablo Crevillen (España) Pablo Crevillen (España)

He visto hace poco dos obras de ficción en las que se planteaba casi literalmente la misma cuestión. La primera es la película musical Los Miserables. En ella, el implacable policía Javert niega que Jean Valjean haya podido cambiar y le dice que era un ladrón y siempre lo será. La segunda es la inquietante serie de televisión Homeland, que muestra la lucha de agentes de la CIA contra el terrorismo islámico. En una escena del final de la segunda temporada, uno de los personajes dice de otro que es un terrorista y siempre lo será.

Lo que me llamó la atención es que en los dos casos se niega la posibilidad de que una persona pueda cambiar, que si ha hecho algo terrible pueda redimirse y lo curioso es que las dos personas a las que se dirige la frase, sí han abandonado el mal camino (al menos, Jean Valjean; Nicholas Brody depende de lo que decidan los guionistas en la tercera temporada).

En ninguno de los dos casos, la persona es capaz de rescatarse a sí misma, pero una vez que alguien les extiende la mano (el obispo que perdona el robo de Valjean o la mujer que ama a Brody pese a que sabe lo que es), esto no tiene un efecto milagroso en sí mismo, son ellos lo que tienen que decidir si se siguen hundiendo o si, por el contrario, hacen algo por cambiar. Parece una buena metáfora de lo que se juega el ser humano en su vida: parece evidente que no somos capaces de redimirnos a nosotros mismos. No en vano esta época descreída es absolutamente pesimista; incluso, se considera que las buenas acciones esconden otra cosa: los actos de altruismo son fruto en realidad del egoísmo de nuestros genes que pretenden su perpetuación (como dice Dawkins), o los de valor no son más que una reacción incontrolada de pánico. Muchos problemas psicológicos arrancan de nuestra incapacidad para perdonarnos.

La redención viene de Otro, pero tampoco es un truco de magia que no exige nada de nosotros. En qué medida juega la gracia y en qué nuestras obras, es una discusión sin fin. El Padre Kentenich la resolvió con la sencilla fórmula "nada sin Ti, nada sin nosotros". Y no podemos olvidar que la redención costó la cruz. Hace poco leía un libro en el que autor decía que los primeros cristianos no representaban a Cristo en la cruz, sino como Buen Pastor o con el anagrama del pez. Pensaba que eso era debido a que el tormento de la cruz era tan atroz que para aquellos que habían sido testigos de la ejecución por ese medio de otras personas, resultaba insoportable que se recordara mediante una imagen. Sólo cuando la crucifixión cayó en desuso y nadie había visto una en realidad, empezaron a hacerse crucifijos. Me pregunto si nosotros también intentamos no mirar hacia nuestra cruz porque nos resulta insoportable.

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