Vinculación a María

A través de este tema queremos despertar y profundizar el amor a María. Sabemos que por la Alianza de Amor, María se nos regala como Madre y Educadora y nos asemeja a Ella en actitudes muy concretas. Por eso, queremos tener una experiencia vital de encuentro con Ella. Para ello, conviene crear una atmósfera adecuada: arreglar un lugar especial, tener una imagen de la MTA grande y bonita que se pueda contemplar, ponerle flores o encender una vela.

Miércoles 27 de marzo de 2013

PRIMER PUNTO DE CONTACTO: VINCULACIÓN A MARÍA

PARA MEDITAR
María, merece la pena contemplarte...

María, merece la pena contemplarte.
Me doy cuenta: tú me miras llena de cariño,
sin echarme nada en cara, sin reproches.
Tú me miras bondadosa y comprensiva,
creo que puedo tener confianza contigo.

María, Tú eres mi Madre, mi gran amiga
y puedo contemplarte, admirarme de lo que eres
sin que ello me desanime o me haga ponerme insegura.
Me encanta poder tenerte y que estés siempre ahí,
incluso también cuando ni yo misma me aguanto.

Tu mirada, María, me dice:
"No temas, conozco tus dificultades, tus dudas,
sé de tus estados de ánimo,
de lo que sientes, de tus miedos y problemas.
Conozco tu verdadero rostro,
pero también las máscaras que a veces usas para ocultar tu verdadero yo."
María, tú me miras y no siento que tu mirada me persigue,
sino que sé que me acompaña Y alienta.
Tu mirada y la mía se encontraron
y se despertó en mí un anhelo:
me encantaría tener tus rasgos, que ellos se imprimieran en mi rostro.
Regálame unos OJOS tan puros y luminosos,
dame una mirada clara y veraz,
haz que todo mi ser sea transparente, sin dobleces
para que, COMO Tú, me pueda dar abiertamente a otros.
María, merece la pena contemplarte.
Quédate cerca mío y ayúdame a acercarme poco a poco a Dios.
Seguro que a menudo miraste a Jesús largamente
durante esos 30 años que vivisteis juntos.
A menudo, bastaba una sola mirada y os comprendíais.
Pero sé que no pocas veces lo pasaste mal,
que tuviste horas oscuras en la que, simplemente,
no comprendías a tu Hijo.
¡Qué consuelo para mí!
tú me entiendes, cuando a veces no comprendo a Dios.
cuando me siento abandonada por EL... y eso me hace sufrir.
A Ti también te probaron en la fe;
por eso siento que realmente eres como mi hermana mayor,
mi gran amiga, mi Madre, que pasaste todo eso antes que yo.
María, cuando te mire
deja que el anhelo por amar a Cristo crezca mucho más en mí;
tómame de la mano y llévame a El.
María, merece la pena contemplarte.
La verdad es que tu mirada me hace realmente feliz.
Libre porque puedo darme cuenta: "me quieres, me aceptas tal como soy,
con mi cara... con mi forma de ser... con mis talentos y mis límites."
Y esto me hace feliz desde dentro, me regala contento interior,
pues no es un puro sentimiento, sino una certeza total,
y noto que hace que se despierten en mi nuevas fuerzas, una energía nueva...
María, quiero que nos sigamos encontrando,
quiero seguir contemplándote y conquistarte con mi amor...
y dejarme conquistar por Ti.
Quiero crecer en amor a los demás, en amor a mí misma, en amor a Dios.
María, necesito tu ayuda. Quédate conmigo... eres mi Madre, María.

PARA COMPARTIR

 ¿A través de quién aprendí a conocer a María?
 Cómo ha sido mi relación con ella a lo largo de mi vida?
 ¿Cómo es actualmente mi relación con Ella?

PARA LEER E INTERCAMBIAR

I. Conociendo a María

"Nadie ama aquello que no conoce". Esto no quiere decir que la medida de nuestro amor sea el conocimiento que tengamos de la otra persona. Sin embargo, para que lleguemos a amar y a vincularnos a alguien, debemos abrirnos a su realidad, conocer su vida y misión.


El amor supone, entonces, un conocimiento personal y vivencial. En la medida que contemplamos más a la persona amada, más nos vinculamos a ella.


Para llegar entonces a una vinculación a María, tenemos que conocerla, saber qué lugar y misión ocupa en nuestra Iglesia y descubrir en ella el origen de nuestra devoción schoenstattiana.

Dios quiso darle a María un lugar y una misión especial en la obra de redención. Por ello la creó Inmaculada y pidió, en la hora de la Anunciación, su Sí para ser Madre de Dios y puente por el cual llegara la salvación a los hombres. Fue Dios mismo quien la eligió, quien hizo de ella su obra predilecta y la colmó de gracias más que a cualquier otro ser humano. Fue Dios quien hizo de María la criatura más extraordinaria del universo, su "obra maestra", su "mejor invento", para que el Hijo de Dios encontrara una digna morada en Ella. Teóricamente, Dios pudo concebir otro plan de redención, sin que Jesús se hiciera hombre; sin que naciese de María. Pero en su infinita misericordia, así lo determinó. En esto se fundamenta la Iglesia - y en ella Schoenstatt- para dar a María un lugar y misión especialísima: Dios la escogió como camino para que su Hijo llegara a los hombres, a la tierra. Por esto, es Ella misma el camino más rápido por el cual los hombres pueden llegar a Aquél que es la meta de su vida: Cristo. Este es el fruto que esperamos de nuestra vinculación a María.

Todo en Ella es plenitud, ni siquiera los santos pueden compararse con lo que Ella es. Son incontables las gracias y dones que Dios le regaló, pues la hizo "llena de gracia", pero mencionamos los más significativos:

 María es singular y única por su relación con la Santísima Trinidad (Padre , Hijo y Espíritu Santo):

+ Ella es la hija predilecta del Padre Dios, su humilde sierva que no quiere hacer otra cosa que su voluntad. (Lc 1,38).
+ Ella es Madre y esposa del Verbo encarnado, Cristo, a quien llevó en su seno y lo trajo al mundo (Lc2,1-20) y acompañó a lo largo de su vida.
+ María es un Santuario vivo del Espíritu Santo, porque desde su concepción fue colmada de gracias (dogma Inmaculada), en la Anunciación es "cubierta por su sombra" y en Pentecostés, atrae por su oración la irrupción del Espíritu Santo.

 Ella es el hombre nuevo, la mujer nueva redimida, tal como Dios nos soñó. El quiso mostrarnos en la Inmaculada la victoria total de Cristo, Redentor del hombre.

 María está unida de manera singular y única con la Iglesia, de la cual es, a la vez, su miembro más perfecto y su Madre bondadosa. "Su regazo maternal es el refugio de los pecadores y el lugar de encuentro y unidad para el pueblo de Dios" (cfr. LG 7). El mismo Cristo nos la regaló como Madre al pie de la cruz : "Madre, he ahí a tu Hijo; Hijo he ahí a tu Madre" (Jn19,25-27).

 Es considerada también en la Iglesia como la segunda Eva. Desde el siglo II, los Padres de la Iglesia presentan ya a la Santísima Virgen como Nueva Eva, estrechamente unida al Nuevo Adán (Cristo). En este paralelo Eva-María se quiere descubrir lo central en su misión y personalidad. María, asociada a Cristo, participa de sus funciones y privilegios. San Justino (año 163 d. C) y San Irineo (año 202 d. C), destacan particularmente la desobediencia de Eva y la obediencia de María. La primera "por su desobediencia fue causa de muerte para sí misma y para toda la raza humana, mientras María por su obediencia, se convirtió en causa de salvación, tanto para sí como para todo el género humano".

 Como segunda Eva, María es también la compañera y colaboradora permanente de Cristo, Cabeza de la Humanidad en toda la obra de la Redención.
Ella fue elegida por Dios como esposa de Cristo, es decir, como su Compañera y Colaboradora constante. El núcleo de su personalidad está en ser para Cristo., por eso Dios la llenó y desbordó en gracias y dones. En el plan de redención Cristo y María están pensados como una unidad o "dualidad" formando un sólo principio de redención : Cristo el Redentor y junto a Él su cooperadora subordinada permanente. Como Compañera y Colaboradora permanente, su función es ser una Segunda Eva:


 Eva, fue cooperadora para la perdición – María, fue cooperadora para la salvación.
 Eva, fue desobediente – María, fue obediente.
 Eva, se sometió al demonio – María, aplasta la cabeza de la serpiente (cfr Ap 12,1)


Esta es la imagen que Nuestro Padre y Fundador quiso plasmar en Schoenstatt:

Es cierto que Cristo, en cuanto Dios, es infinitamente más importante que Ella. Es cierto también que Él es nuestra meta. Pero María es aquel "remolino" que nos lleva hacia Cristo, pues viven en indisoluble unidad.

Nuestro Padre y Fundador nos dice: "¿Cómo pues NO debe concebirse la actividad de la colaboración de María en la Obra de la redención, al estar juntos Cristo y María ? NO es de la misma naturaleza, NO es del mismo valor pero está dirigida hacia la misma dirección. Y ¿cómo se debe concebir, más precisa y detalladamente, su actividad colaboradora ? Damos cuatro respuestas: Es una actividad que prepara, que redondea y en parte hermosea, que representa y que simboliza." (P.J.K)

En el plan divino aparecen dos cosas muy claras: primero, que Dios ha querido a María íntima e indisolublemente unida a Cristo y, segundo, que le ha confiado una especial tarea pedagógica frente a nosotros: ayudarnos a crecer hacia Cristo. Ambos aspectos se relacionan profundamente: pues toda la capacidad pedagógica de María para "conducirnos" vitalmente hacia su Hijo, se funda en la incomparable cercanía e intimidad que Ella vivió con Él. Desde la Anunciación y Belén hasta el Calvario, María acompaña al Redentor. Por eso Dios no pudo encontrar a nadie mejor que Ella para ayudarnos a conocerlo, amarlo e imitarlo.


En las Bodas de Caná encontramos la gran enseñanza de María : "Haced lo que Él os diga" (Jn 2,5)

Todo el secreto y la genialidad del Padre Kentenich y de la espiritualidad de Schoenstatt consiste en haber sabido tomar en serio esta posición y misión especialísimas que ha recibido María en el plan de Dios, sacando todas las consecuencias prácticas que de dichas verdades se derivan para nuestra vida. Estas se resumen en dos actitudes básicas que constituyen el núcleo más íntimo de nuestra espiritualidad:


1. Pedirle a María (incluso haciendo "suave violencia") que cumpla con este "deber" maternal que Dios mismo le ha impuesto, de transmitir a sus hijos las riquezas que Ella recibió.

2. Poner nosotros sin reservas nuestras vidas en las manos de esta Educadora que el propio Dios nos ha asignado.

A partir de esto surgió nuestra "Alianza de Amor con María" y desarrolló el P. Kentenich una pedagogía de educación de la fe, capaz de conducir a una identificación plena y vital con Cristo, como los desafíos de nuestro tiempo lo exigen.


A quien se abre a su labor educadora, María le transmite dos experiencias suyas fundamentales: su "conocimiento total" de Cristo y la calidez y profundidad de su "amor personal" a Él.

Por la vinculación mariana a la actitud mariana

Este es justamente el objetivo de la pedagogía mariana de Schoenstatt.
El P. Kentenich lo resume en el siguiente principio: "Por la vinculación a María hacia la actitud de María". Es decir, nos unimos y vinculamos a María, para que Ella nos transmita así su propio modo mariano de conocer, amar e imitar a Jesús y en Él llegar finalmente al Padre.


Quien está vinculado a María, siente un impulso interior de asemejarse a Ella, quiere ser digno de Ella y hacer las cosas como Ella las haría consagrando sus fuerzas a su Obra.


María es una fuerza íntima y profunda que nos lleva a cambiar y a transformarnos; no por una imposición exterior o por un mero deber, sino con la necesidad interior y espontánea que nace del amor. "Madre, quien me mire te vea". ¿Qué haría María en mi lugar? Esta es la actitud que empieza a surgir en nosotros si nos vinculamos a Ella es Ella y nos abrimos a su gracia y acción educadora en el Santuario, pues Ella quiere transformarnos en una "pequeña María", en una nueva imagen de María. Esta es la actitud que nos regala un nuevo estilo de vida, un camino de libertad, felicidad y plenitud.

II. María en Schoenstatt

Sabemos que nuestro carisma de Schoenstatt marcadamente mariano, está fundamentado en la Iglesia pero también es fruto de una experiencia personal; la experiencia de nuestro Fundador, el P. José Kentenich. Por lo tanto, este carisma no es en primer lugar algo que él desarrolló con una intención especial, sino un regalo de Dios, así como a lo largo de la historia de la Iglesia, cada fundador recibió también su carisma personal como un regalo gratuito y una tarea: ponerlo a disposición de toda la humanidad.


Nuestro carisma mariano no es un invento, se fundamenta en la larga historia de la Iglesia y su enseñanza y más aún en la Economía de la Redención, que quiso que Jesús naciera de una Madre y que esta fuera su Compañera y Colaboradora permanente en toda la obra de la Redención.


Dios hizo experimentar a nuestro Fundador, en su propia vida y en la vida de los que le fueron confiados, todo el poder educador de la Santísima Virgen, para que así pudiera proclamar con convencimiento este mensaje como un camino de renovación y sanación de las múltiples heridas del hombre de este tiempo. En la plática del 31 de Mayo de 1949, alude a esta acción de María en su vida:

"Dios me dio inteligencia clara. Por eso tuve que pasar durante años por pruebas de fe. Lo que guardó mi fe durante esos años fue un amor profundo y sencillo a María. El amor a María regala siempre de por sí esta manera de pensar orgánica. Las luchas terminaron cuando fui ordenado sacerdote y pude proyectar, formar y modelar en otros, el mundo que llevaba en mi interior. El constante especular encontró un saneamiento en la vida cotidiana. Este es además el motivo por qué conozco tan bien el alma moderna, aquello que causa tanto mal en Occidente. ¿A quién debo agradecer todo esto? Viene de arriba. Sin duda de la Sma. Virgen. Ella es el gran regalo. De este modo pude, además de la enfermedad, experimentar también en mi propia persona, y muy abundantemente, la medicina."


(P.J.K, 31 Mayo 1949)

Nuestra piedad mariana schoenstattiana

Nuestra piedad mariana schoenstattiana no consiste en una piedad mariana a "la antigua", de mandas o sólo de oraciones rezadas de memoria, sino de una piedad original, que se caracteriza por 3 "a":

• Es una piedad activa:


No permanecemos pasivos esperando que sólo María con su poder de Reina y educadora actúe; Ella quiere nuestra activa colaboración. El "Nada sin ti, nada sin nosotros" alude a la Alianza de Amor que sellamos con la Santísima Virgen y que representa nuestro camino original, porque requiere de nuestra cooperación humana y la pone incluso como condición: "Pruébenme con hechos que me aman, entonces yo me estableceré aquí" (Primera Acta de Fundación, 18 Octubre 1914)
Es el 1%, que cada uno debe aportar, son los "panes" que el Señor exige para realizar el milagro de la multiplicación. A esta cooperación la llamamos "Capital de Gracias". Es decir, todos contribuimos con nuestros esfuerzos, sacrificios, oraciones, etc., a esta "cuenta multipersonal de gracias" y todos tenemos derecho a usufructuar de ella.

• Asociada a un lugar:


Nuestra vinculación a María va íntimamente unida al Santuario de Schoenstatt. En él María ha hecho su taller para desde allí hacer en nosotros milagros de gracia.

• Es una piedad no sólo activa, sino también afectiva y efectiva:

Queremos regalarle nuestro amor. La Mater no es para nosotros una mera idea. Ella es nuestra Madre y reina a quien amamos y quisiéramos amar cada día más. Nos ponemos bajo su protección maternal para que Ella se manifieste como Reina en todas nuestras dificultades personales, familiares, de estudio, se preocupe de nuestra vida afectiva: nuestras amistades, pololeo, etc., y de nuestra vida espiritual enriqueciendo nuestra fe. La eficacia de nuestra vinculación está en que queremos que María nos forme no sólo en el ámbito puramente espiritual, sino desde dentro, desde el núcleo más íntimo de nuestra personalidad para ser cristianos consecuentes, coherentes, íntegros. Queremos regalarnos a Ella a través de la Alianza de Amor, con todo lo que somos y tenemos: nuestras capacidades y limitaciones, nuestra inteligencia, voluntad y corazón para que Ella traspase toda nuestro ser y actuar y nos transforme en mujeres nuevas, que por su coherencia de vida dan testimonio en medio del mundo y ayudan a la renovación del ambiente en el que viven.

Así nuestro Fundador, no sólo vio a la Santísima Virgen como modelo ejemplar en todas las circunstancias, como el primer y más fiel apóstol de Cristo, como Compañera y Colaboradora en su obra, sino también como la Madre y Educadora de una fe integral, coherente y consecuente. Quien aprende a amarla y a confiar en Ella, puede estar seguro de que será protegido en todas las batallas de la vida, será transformado en un verdadero apóstol y será conducido sin tardanza más y más hacia el corazón de Dios.

* María es la mujer del silencio y de la escucha, de la apertura plena y de la aceptación libre, del corazón generoso y del amor comprometido con los deseos del Padre Dios.


* María es la Obra Maestra de Dios. Es el jardín de Dios, su Paraíso. María es la mujer plena, llena de gracia. La casa de Dios, su Santuario.


* María es el Milagro de Amor de la Santísima Trinidad. La mujer nueva, sin sombra de pecado original. La Inmaculada. Ella es la morada de Dios, "el que todo el universo no puede contener, Ella en su seno lo albergó". Es la "esposa y colaboradora de Cristo en toda la Obra de la redención". Es la Madre que intercede ante Dios y la omnipotencia suplicante. María es hija, esposa y madre de Dios.


* María es Madre y Reina.

III. ¿Cómo crecer en el amor a María?

Como hijas de Schoenstatt queremos vincularnos a María así como Nuestro Padre y Fundador lo hizo, con un amor cálido y efectivo. El era un enamorado de María. Contempló su persona y su imagen para asemejarse más a Ella pues el "AMOR UNE Y ASEMEJA". Con profunda convicción nos dice: "Si yo amo a la Santísima Virgen, Ella me transfiere su vida" y nos enseña a rezar:
María, aseméjanos a ti
y enséñanos a caminar por la vida tal como Tú lo hiciste:
fuerte y digna, sencilla y bondadosa,
repartiendo amor, paz y alegría.
¡En nosotros recorre nuestro tiempo
preparándolo para Cristo Jesús!"

3 caminos para crecer en el amor a María (que nos señala nuestro Padre Fundador):

1. Contemplar con frecuencia su imagen:
" Para que Ella se grabe en nuestro corazón y, al cerrar los ojos, nos encontremos con Ella.
Hacia donde dirijo mis ojos, se dirige mi corazón. Uno se va transformando en aquello que contempla, en lo que ama.

2. Dialogar amorosamente con Ella:
'Hacer de cada instante una pequeña oración a María y escuchar su voz de Madre.
Preguntarle a Ella:
• ¿Qué harías en mi situación?
• ¿Cuándo dirías "Sí" y cuándo dirías "No"?
• Y pedirle: " Aseméjame a ti..."

3. Ofrecerle pequeños sacrificios:
Sacrificios que expresen nuestro amor por Ella. Todo amor vive del sacrificio.
Nuestra Alianza de Amor implica dos contrayentes, por eso decimos ¡Nada sin ti, nada sin nosotros!
Le ofrecemos todo lo que nos toca vivir: alegrías y dolores como contribución al Capital de Gracias, como prueba de nuestro amor."
(P. J.K. Libro: Todo un Padre. P. José Neunhofer. Pág.65)

Algunas sugerencias metodológicas para tratar el tema:

• Comentar sobre nuestra experiencia con María. Posibles preguntas para facilitar el intercambio: ¿qué sé de Ella? ¿cómo es mi vinculación con Ella? ¿Nos hemos detenido a descubrir y a contemplar los valores que tiene María? ¿Le rezo? ¿Cuáles son mis oraciones marianas preferidas? ¿Qué caminos concretos me ofrece Schoenstatt para vincularme a Ella? ¿Cómo los puedo cultivar?

• Entregar a cada una la Oración: "Aseméjanos a Ti" e intercambiar sobre las cualidades de María que menciona el P. Kentenich en ella.

• Presentar el tema con diapositivas, fotos o dar a cada miembro del grupo el párrafo: "Conociendo a María" para que lo lea y subraye lo que más le llama la atención.

• Preparar láminas a color con las escenas más destacadas de la Sma. Virgen en el Nuevo Testamento poniendo por detrás el pasaje bíblico correspondiente (*). Repartirlas al azar y dejar unos momentos para que cada una medite la cita y conteste las siguientes preguntas:
1. ¿Qué rasgo de la Mater encontramos en el pasaje?
2. ¿Qué enseñanza o mensaje podemos sacar para nuestra vida de este episodio?
3. ¿Con qué rasgo de la Mater me siento más identificada, y cuál me parece más difícil de imitar?

* Escenas bíblicas:
- Anunciación (Lc. 1, 26 ss) - Visitación (Lc. 1, 34 ss)
- Magnificat (Lc. 1, 46 ss) - Presentación del Niño en el Templo (Lc. 2, 22-39)
- Pérdida y hallazgo en el Templo (Lc. 2, 41-52) - Bodas de Caná (Jn. 2, 1-10)
- Al pie de la cruz (Jn. 19,25-27) - Pentecostés (Hch.1,14)
- Apocalipsis (Ap. 12,1-6)

• Tener un momento de oración que nos ayude a encontrarnos con María. (En lo posible en tu Santuario o ermita).

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