Agosto, mes de la Asunción de María al Cielo

Compartimos con ustedes este texto del padre Guillermo Carmona, editorial de la página de Facebook de Schoenstatt Argentina, en la cual el padre nos recuerda la importancia de este mes para la Iglesia.

Miércoles 3 de agosto de 2016 | P. Guillermo Carmona

Queridos hermanos en la Alianza,

Comenzamos agosto, palabra que proviene de "santo", "majestuoso" y "digno de veneración". Si bien fue el Emperador Octavio Augusto quien le puso este nombre a este mes, nosotros le daremos una significación más espiritual y religiosa. Una de las fiestas hermosas del mes, la tenemos al inicio; la de la Transfiguración del Señor. Cuando vamos al Santuario, recordamos quizás las palabras de San Pedro en el Tabor: "¡Qué bien estamos aquí, hagamos tres tiendas!" El Padre Fundador las utiliza en el Acta de Fundación para significar la primera gracia del Santuario. Los invito en este mes a recordar todas las experiencias hermosas que tuvimos en la vida -experiencias de Tabor- y agradecérselas a la Mater en nuestros Santuarios.

En agosto recordamos también la Asunción de María al Cielo. El Padre Kentenich relaciona esta fiesta al anhelo de amor de la Mater, por estar por Jesús: "Tu muerte fue sólo un éxtasis por tanto anhelo, y tu cuerpo nunca experimentó corrupción alguna; ahora reinas transfigurada en la Ciudad Santa, en Sion, cuyas puertas Dios abrió para ti." (HP, 217)

Los orígenes litúrgicos de esta fiesta se remontan al siglo VI en Oriente y al siglo VII en Roma. Fue el Papa Pío XII quien proclamó este dogma, el 1 de noviembre de 1950,: "...Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial."

Una semana después, el 22 de agosto, celebraremos María Reina. Es una ocasión para coronarla de nuevo a la Mater como Reina de nuestros corazones, de nuestras familias, nuestra Iglesia y de Argentina.
Les deseo un mes pleno de la presencia transfigurada del Señor y un anticipo de lo que será, según el decir de San Pablo, "vuestro caminar sea en el cielo" (Fil 3.20)

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