Mensaje del padre Mariano Irureta a la familia de Schoenstatt chilena

Compartimos esta interesante reflexión del Director nacional de Schoenstatt en Chile, que nace a raíz del mes de la solidaridad, pero que es extensible a nuestra vida en general.

Viernes 2 de septiembre de 2016 | P. Mariano Irureta

Este mensaje fue publicado en agosto, pero su contenido sigue plenamente vigente así que lo quisimos compartir con los lectores de Schoenstatt Vivo. 

El 18 de agosto celebramos a San Alberto Hurtado, quien nos invita a crear un tiempo de solidaridad, fundado en el encuentro, en el respeto mutuo, en el diálogo familiar, en la comprensión de la necesidad y del dolor ajeno.

En el mes de agosto, la Iglesia chilena celebra el Mes de la Solidaridad. Con ello nos quiere regalar una nueva mirada de la sociedad, de nuestras aspiraciones, de las cuestiones que nos permiten realizarnos como persona y como comunidad. Durante estos años, la Iglesia ha tenido como lema: "Hacer de Chile una mesa de todos". Es por ello que, en este Año de la Misericordia, este mes está acompañado de la frase del P. Hurtado: "Una nación, más que la tierra, es una misión que cumplir". Y esa misión es hacer de Chile una "nación de hermanos", como siempre nos convoca la Virgen del Carmen en el Santuario Nacional de Maipú.

Hoy, 18 de agosto, peregrinamos a nuestros Santuarios para renovar nuestra Alianza de Amor, que nos habla también de solidaridad y de entrelazamiento de destinos, que hace especialmente presente el 20 de enero. La solidaridad siempre ha animado nuestra historia y la realidad de Alianza. Como nos recordaba el Papa Francisco, en el año 2014: "Cultura del encuentro es cultura de alianza, que crea solidaridad... Alianza significa solidaridad, construcción de vínculos".

El Papa Francisco también afirmaba: "¡Quieren matar la solidaridad, la quieren borrar del diccionario!". Uno de los problemas cruciales de la sociedad chilena actual es, justamente, nuestra incapacidad para vivir solidariamente. Este es el desafío de hoy para nosotros: aprender a caminar por una senda en que seamos capaces de comprender la humanidad que existe en los demás, lo valioso de sus propuestas aunque las reconozcamos distintas, dejando atrás esos prejuicios que impiden vivir solidariamente. Sin descartar a nadie, todos estamos llamados a vivir en una sociedad solidaria, en una cultura de alianza.

La Alianza de Amor, en este Año de la Misericordia, es una invitación a ser hombres, mujeres, familias solidarias. La Alianza debe seguir impulsando el estilo solidario en nuestras vidas. La Alianza nos ha ayudado a comprender que la solidaridad nos saca de una individualidad intimista y nos empuja a descubrir que en la cultura de alianza hay un camino de mayor humanidad y desarrollo. La solidaridad no reniega de la persona y de la originalidad de cada uno. Por el contrario, recoge lo más propio de cada cual y nos proyecta en una realidad donde todos tenemos un lugar.

Para nuestro Padre y Fundador, la experiencia solidaria comienza desde temprana edad. Es en la familia donde se nutren los valores más básicos, y es allí donde la solidaridad tiene que encontrar una primera acogida. Desde luego, ella no se reduce a la mera experiencia familiar; pero es a partir de esa experiencia donde logramos descubrir la importancia del otro, la necesidad de compartir la vida con otros, y comprender que sólo una sociedad verdaderamente solidaria nos permitirá alcanzar un desarrollo como país para todos.

Nuestros Santuarios están llamados a ser lugares de solidaridad, desde donde se origine una corriente de solidaridad hacia el mundo, acogiendo a los más necesitados. Un ejemplo de ello fueron nuestros Santuarios, el año 2010, cuando nuestra gente vivió duras pruebas de la naturaleza.

La Santísima Virgen es un caso preclaro de solidaridad fraterna, de vinculaciones personales y de apertura espiritual, como la vemos en la Visitación, junto a la Cruz de Jesús, en el Cenáculo de la primera hora de la Iglesia. Que Ella desde nuestros Santuarios nos transforme en una Familia solidaria para el bien de nuestro Chile.

Un espacio inmediato de solidaridad que nuestra Iglesia nos llama a tener muy en cuenta, es la preocupación por los derechos que custodian la vida humana, especialmente la de los no nacidos. La Arquidiócesis de Santiago nos convoca a participar vivamente en el "Encuentro por la Vida" (sábado 3 de septiembre, a las 15:30 hs., en el Paseo Bulnes). En cada Región estemos atentos y respondamos a las convocatorias de la Iglesia local. Y aun, si ello no ocurriera, ¿no sería totalmente esperable que la Familia de Schoenstatt sea quien invite a toda la comunidad, para que sea partícipe y constructora de urgente solidaridad?

Fuente: Mundoschoenstatt.cl

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