UN MES DEDICADO A MARÍA

Toda la Iglesia en Chile inicia y celebra el Mes de María durante noviembre, celebración que culmina el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. En el resto del mundo se reza en el mes de mayo.

| P. Rafael Fernández P. Rafael Fernández

UN MES DEDICADO A MARÍA

Toda la Iglesia en Chile inicia y celebra el Mes de María durante noviembre, celebración que culmina el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. Personalmente no tengo noticia de algún país en que la celebración del Mes de María sea tan relevante como en el nuestro y que se celebre en esta fecha. En muchísimos lugares existe, por cierto, un mes dedicado a la Virgen María (probablemente su origen se remonta a san Felipe de Neri), pero se reza en el mes de mayo. Nosotros, en Chile, somos una excepción al celebrarlo en la fecha que lo hacemos.

Schvivo ofrecerá cada día una meditación para acompañar la oración personal y/o comunitaria. Será siempre una mirada sobre un pasaje mariano del evangelio.

Esta meditación diaria la encontrarán en portada, a mano derecha. También podrán encontrarla en la pestaña "Mes de María" del menú superior.

La tradicional oración inicial y final del mes que se encuentra abajo en este artículo, igualmente estarán disponibles en la meditación de cada día.

Algo de Historia sobre el Mes de María en Chile.
Fue monseñor Joaquín Larraín Gandarillas, quien, con ocasión de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (el 8 de diciembre de 1854) tuvo la idea de celebrar el Mes de María como preparación para esa fecha e impulsó su celebración en el Seminario Pontificio de Santiago. Según los datos que tengo, el sacerdote Rodolfo Vergara Antunez compuso la oración que hoy todos rezamos (ver más abajo). Así surgió una tradición que se extendió en todo Chile y que perdura hasta nuestros días y que ha traído enormes bendiciones a nuestra patria.

Esto hizo que en Chile, a diferencia de otros países, el Mes de María lo celebremos durante el mes en que nuestros campos y jardines se visten de hermosas flores, mostrando todo su esplendor. Flores que recuerdan y simbolizan a la Virgen bella e inmaculada. El Mes de María es el mes de las flores. De allí que entonemos en él la canción tradicional “Venid y vamos todos, con flores a María” y que recemos “Oh María, durante el bello mes que te está consagrado, todo resuena con tu nombre y alabanza…”.

¿No es una feliz coincidencia que también celebremos el cumpleaños de nuestro Padre y Fundador en este mes, y, además, que su cumpleaños sea el 18, día en que recordamos y renovamos la alianza de amor con nuestra Mater? Celebrar el día de nacimiento de nuestro Padre durante el Mes de María nos lleva a rezar con él de todo corazón:
Proclamaremos tu nombre con valentía
y guiaremos a los hombres hasta tu Santuario,
para que jubilosos
y llenos de amor
glorifiquen contigo a la Santísima Trinidad.
(Hacia el Padre N° 511)

“Proclamaremos” el nombre de María. Lo haremos con nuestra vida, con nuestra palabra y con nuestro compromiso apostólico. Haremos que ese nombre resuene vigorosa y cálidamente en la Iglesia y en nuestra patria, para que encienda en su amor nuestros corazones y el de todos los chilenos. Proclamaremos ese nombre como lo hizo nuestro Padre, siguiendo sus pasos. Ese será nuestro obsequio de cumpleaños. Estamos seguros que para él ese será el mejor regalo. En estrecha unión con él, decimos a María:

Acepta que te proclamemos
Reina del Universo;
enciéndenos en un ardiente amor por ti;
haz que inflamemos al mundo entero en tu servicio,
para que todos los pueblos
encuentren el camino seguro hacia la Patria.
Tu santo corazón es para el mundo
el refugio de paz,
el signo de elección
y la puerta del cielo.
(Hacia el Padre N° 541)

Para que nuestra patria encuentre el camino. Para nosotros la estrella de nuestra bandera y de nuestro escudo nacional, simboliza a María. Ella es la estrella de la nueva Iglesia Misionera querida por nuestro Padre y convocada por el Santo Padre y los Obispos de Latinoamérica. Es nuestra responsabilidad de schoenstatianos de que así sea.

ORACIÓN INICIAL DEL MES DE MARÍA

Oh! María, durante el bello mes que te está consagrado todo resuena con tu nombre y alabanza. Tu santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos te han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presides nuestras fiestas y escuchas nuestras oraciones y votos.

Para honrarte hemos esparcido frescas flores a tus pies y adornado tu frente con guirnaldas y coronas. Mas, ¡oh María!, no te das por satisfecha con estos homenajes; hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Éstas son las que esperas de tus hijos, porque el más hermoso adorno de una madre es la piedad de sus hijos, y la más bella corona que pueden depositar a sus pies es la de sus virtudes.

Sí, los lirios que tú nos pides son la inocencia de nuestros corazones. Nos esforzaremos pues, durante el curso de este mes consagrado a tu gloria, ¡oh virgen Santa!, en conservar nuestras almas puras y sin mancha, y en separar de nuestros pensamientos deseos y miradas, aún la sombra misma del mal.

La rosa cuyo brillo agrada a tus ojos es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos. Nos amaremos pues, los unos a los otros como hijos de una misma familia cuya madre eres, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal.

En este mes bendito procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que te es tan querida, y con tu auxilio llegaremos a ser puros humildes, caritativos, pacientes y resignados.

¡Oh María!, has producir en el fondo de nuestros corazones todas estas amables virtudes. Que ellas broten, florezcan y den al fin fruto de gracia, para poder ser algún día dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres.

Amén

ORACIÓN FINAL

¡Oh María, Madre de Jesús nuestro Salvador y nuestra buena madre! Nosotros venimos a ofrecerte con estos obsequios que colocamos a tus pies, nuestros corazones deseosos de agradecerte y solicitar de tu bondad un nuevo ardor en tu santo servicio.

Dígnate presentarnos a tu Divino Hijo que, en vista de sus méritos y a nombre su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud, que haga lucir con nuevo esplendor la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error; que vuelvan hacia Él y cambien tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará en su corazón y el tuyo.

Que convierta a los enemigos de tu Iglesia, y que, en fin, encienda por todas partes el fuego de tu ardiente caridad; que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y de esperanza para el porvenir.

Amén

 

 

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